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Guía completa
Sesgos cognitivos y distorsiones del pensamiento: 25 ejemplos para pillarlos
Colegiado nº CM03836 (cómo comprobarlo)Fuentes revisadasSin publicidad de terceros
Mandas un mensaje y ves que lo han leído. Pasa una hora sin respuesta. «Se ha enfadado», «he dicho algo raro», «siempre lo estropeo». Tres pensamientos en un minuto, y ninguno es un dato. Todo el mundo tiene sesgos cognitivos: reconocerlos no te cambia la cabeza, pero te da un momento para mirar lo que piensas antes de creértelo.
En corto
Los sesgos cognitivos son formas de pensar que se desvían siempre hacia el mismo lado. Las distorsiones cognitivas, de la terapia cognitiva de Aaron Beck, son las que te dejan peor de lo que justifican los hechos, como catastrofizar o leer la mente. Los tiene todo el mundo: no son un trastorno. Ayuda pillarlos, escribirlos y revisarlos con preguntas, no obligarte a pensar en positivo. Si un pensamiento va de hacerte daño, llama al 024 o, si hay peligro inmediato, al 112.
Para practicarlo con un pensamiento tuyo: Pilla el sesgo, un ejercicio que se hace en tu navegador y se descarga en PDF.
Qué son los sesgos cognitivos
Los sesgos cognitivos son atajos y hábitos del pensamiento que hacen que juzgues las cosas de forma desviada, y no al azar, sino siempre hacia el mismo lado. Las distorsiones cognitivas son un tipo concreto: maneras de interpretar lo que te pasa que suelen dejarte peor de lo que justifican los hechos.
Se usan como sinónimos, pero vienen de tradiciones distintas:
- Las distorsiones vienen de la terapia cognitiva. El psiquiatra Aaron Beck estudió, en personas con depresión que hacían psicoterapia, ideas distorsionadas o poco realistas y cómo se relacionaban con lo que sentían (Beck, 1963). Después, el psiquiatra David Burns las popularizó con una lista de diez en su libro Feeling Good (Burns).
- Los sesgos vienen de la psicología cognitiva y social. Amos Tversky y Daniel Kahneman describieron atajos que usamos para juzgar en la incertidumbre: muy económicos y normalmente eficaces, pero que llevan a errores sistemáticos y predecibles (Tversky y Kahneman, 1974). Se estudiaron en población general.

Todos tenemos sesgos: no son un trastorno. Lo que cambia es cuánto te hacen sufrir y cuánto deciden por ti.
Con qué se confunde:
- No son pensamientos intrusivos. Una imagen que aparece sin querer y te choca es otra cosa: mira pensamientos intrusivos.
- No es rumiar, aunque se alimentan. Darle vueltas a lo mismo durante horas tiene su guía: no puedo dejar de pensar.
Cómo se nota
Casi nunca piensas «estoy catastrofizando». Lo notas antes en esto:
- Un cambio de emoción brusco, de golpe, por algo pequeño: un mensaje, una cara, un correo.
- Palabras absolutas en la cabeza: «siempre», «nunca», «todo el mundo», «nadie».
- Conclusiones rápidas que se sienten como hechos, no como ideas.
- En el cuerpo, un nudo o calor en la cara antes de saber qué has pensado.
- En lo que haces: evitar, disculparte de más, comprobar, pedir que te tranquilicen una y otra vez.

Esta lista no es un diagnóstico. Si te pesa mucho, puedes consultarlo con un profesional, que es quien puede valorarlo contigo.
Las distorsiones del pensamiento
Estas trece vienen de la terapia cognitiva. Los nombres varían según el libro; aquí van con los de la herramienta Pilla el sesgo. A menudo aparecen varias a la vez.
- Pensamiento todo o nada (dicotómico)
- Generalización excesiva («siempre», «nunca»)
- Filtro mental (quedarte con lo malo)
- Descalificar lo positivo («eso no cuenta»)
- Leer la mente
- Adivinar el futuro
- Catastrofizar
- Magnificar y minimizar
- Razonamiento emocional («lo siento, luego es verdad»)
- Los «debería» y los «tengo que»
- Etiquetar(te)
- Personalización (todo va por ti, o todo es culpa tuya)
- Culpar a los demás

Pensamiento todo o nada (dicotómico)
Ves las cosas en dos casillas, sin término medio: perfecto o desastre, éxito o fracaso. Burns lo pone el primero de su lista (Burns).
Ejemplo: te habías propuesto estudiar dos horas al día y el jueves solo haces media. «Ya he fallado», piensas, y el viernes ni abres los apuntes.
Para pillarlo: ¿hay algo entre los dos extremos? Si lo puntúo del 0 al 100, ¿de verdad está en el 0?
Generalización excesiva («siempre», «nunca»)
Tomas una sola cosa que ha salido mal como prueba de un patrón que se repite y no se acaba nunca (Burns).
Ejemplo: la persona con la que habías quedado cancela la segunda cita. Piensas: «nunca le gusto a nadie», «siempre me pasa lo mismo».

Para pillarlo: ¿cuántas veces ha pasado de verdad? ¿Recuerdo alguna vez en que no fue así?
Filtro mental (quedarte con lo malo)
Te quedas con un detalle negativo y lo miras tanto que tiñe todo lo demás (Burns), como una gota de tinta en un vaso de agua.
Ejemplo: en la evaluación anual te destacan cinco cosas que haces bien y una que mejorar. Esa noche solo repasas la que mejorar.
Para pillarlo: ¿qué más pasó que estoy dejando fuera? Si se lo contara a alguien de principio a fin, ¿qué incluiría?
Descalificar lo positivo («eso no cuenta»)
No es que no veas lo bueno: lo ves y le quitas valor con una explicación. Así, ningún dato puede contradecir la idea que ya tenías de ti (Burns).

Ejemplo: apruebas con buena nota y piensas «era fácil» o «he tenido suerte». Si hubieras suspendido, en cambio, habría sido culpa tuya.
Para pillarlo: si le pasara a otra persona, ¿también diría que no cuenta? ¿Qué tendría que pasar para que sí contara?
Leer la mente
Das por hecho lo que otra persona piensa de ti, casi siempre algo malo, sin que te lo haya dicho. Burns la incluye dentro de «sacar conclusiones precipitadas» (Burns).
Ejemplo: en una reunión, alguien frunce el ceño mientras hablas. «Le parece una tontería», piensas, aunque quizá esté pensando en otra cosa.
Para pillarlo: ¿qué pruebas tengo de lo que está pensando? ¿Qué otras explicaciones hay? ¿Podría preguntarlo?
Adivinar el futuro
Predices que algo va a salir mal y actúas como si ya fuera un hecho. Es la otra mitad de las conclusiones precipitadas (Burns).

Ejemplo: se abre un puesto interno que te interesa. «No me lo van a dar», piensas, y no mandas la solicitud. Al final no te lo dan, claro: no te has presentado.
Para pillarlo: ¿cuántas veces he acertado antes con este tipo de predicción? ¿Qué es lo más probable, no lo peor?
Catastrofizar
Saltas de un problema a la peor consecuencia posible, encadenando pasos que parecen lógicos, y la vives como si fuera lo más probable. Se parece a adivinar el futuro, pero en cadena.
Ejemplo: tu responsable te escribe «¿tienes cinco minutos mañana?». Antes de cenar ya te ves en la calle, sin poder pagar el alquiler y buscando habitación.
Para pillarlo: ¿qué es lo peor, lo mejor y lo más probable? Y si pasara lo peor, ¿qué podría hacer entonces?
Magnificar y minimizar
Agrandas lo que te sale mal, o lo bueno de los demás, y encoges lo que te sale bien, o los fallos ajenos (Burns).
Ejemplo: te equivocas en un dato de un informe y lo vives como un error gravísimo. Cuando alguien del equipo se equivoca en lo mismo, te parece de lo más normal.
Para pillarlo: ¿qué importancia tendrá esto dentro de un mes? ¿Le daría el mismo peso si lo hubiera hecho otra persona?
Razonamiento emocional («lo siento, luego es verdad»)
Tomas lo que sientes como prueba de cómo son las cosas: «me siento inútil, así que lo soy», «tengo miedo, así que es peligroso» (Burns).
Ejemplo: antes de una entrevista tienes la sensación de que va a salir fatal, y esa sensación te parece información fiable sobre cómo va a ir.
Para pillarlo: ¿esto lo sé o lo siento? Si ahora no sintiera esto, ¿qué datos tendría?
Los «debería» y los «tengo que»
Reglas rígidas sobre cómo tendrías que ser tú, los demás o el mundo (Burns). Cuando no se cumplen, suele venir la culpa si van hacia ti, o la rabia si van hacia otras personas.
Ejemplo: «debería poder con todo sin pedir ayuda». Un día pides que te cubran un turno y te pasas la tarde sintiéndote mal por ello.
Para pillarlo: ¿quién ha puesto esta regla? ¿Qué cambia si digo «me gustaría» en vez de «debería»? Tienes más en autoexigencia.
Etiquetar(te)
Pasas de «he hecho algo mal» a «soy un desastre»: una etiqueta que resume a una persona entera por una sola conducta. Se aplica a ti o a los demás (Burns).
Ejemplo: se te olvida el cumpleaños de una amiga y piensas «soy una persona horrible», en vez de «se me ha olvidado y quiero arreglarlo».
Para pillarlo: ¿qué he hecho exactamente? ¿Una cosa me define entera? Si esto te pasa mucho, mira autocrítica.
Personalización (todo va por ti, o todo es culpa tuya)
Te haces responsable de cosas que no dependen solo de ti, o das por hecho que lo que hacen otras personas va por ti. Burns lo recoge como culparte a ti (Burns).
Ejemplo: tu pareja llega a casa con mala cara y piensas «¿qué he hecho?», cuando ha tenido un día horrible en el trabajo.
Para pillarlo: ¿qué parte depende de mí y qué parte de otras cosas? Si repartiera la responsabilidad como una tarta, ¿qué trozo me toca de verdad?
Culpar a los demás
La otra cara de la anterior: toda la responsabilidad está fuera, y tú no tienes nada que ver ni nada que hacer. Burns las pone juntas, como las dos caras de la culpa (Burns).
Ejemplo: llegas tarde por tercera vez esta semana y piensas «es que el metro va fatal», sin mirar a qué hora sales de casa.
Para pillarlo: aunque otra persona tenga parte de culpa, ¿hay algo que dependa de mí? ¿Qué puedo cambiar yo?
Una excepción importante para esta y la anterior: si alguien te trata mal, te controla o te hace daño, la responsabilidad es suya, y verlo así no es un sesgo. Tienes ayuda en el 016 si eres mujer, en el 028 si eres una persona LGTBI y, si hay peligro, en el 112. Más en relación tóxica.
Otros sesgos que se cuelan en el día a día
Vienen de la psicología cognitiva y social y se estudiaron sobre todo en población general. También se cuelan en la autoestima, la ansiedad y el ánimo.
- Sesgo de confirmación
- Sesgo de negatividad
- Heurística de disponibilidad
- Efecto foco (creer que todo el mundo se fija en ti)
- Ilusión de transparencia (creer que se te nota todo)
- Error fundamental de atribución
- Sesgo retrospectivo («tendría que haberlo visto venir»)
- Falacia del coste hundido
- Sesgo del presente (lo de ahora pesa más que lo de luego)
- Falacia de la planificación
- Sesgo de atención a la amenaza (en la ansiedad)
- Memoria congruente con el estado de ánimo
Sesgo de confirmación
Buscas, interpretas y recuerdas la información de forma que encaje con lo que ya crees. Una revisión amplia lo describe como un fenómeno que aparece en muchísimos ámbitos y con muchas formas (Nickerson, 1998).
Ejemplo: si ya crees que no le caes bien a alguien del trabajo, te fijas en que no te saludó el lunes y no en que te echó una mano el miércoles.
Para pillarlo: ¿qué dato me haría cambiar de idea? ¿Lo he buscado de verdad?
Sesgo de negatividad
Lo malo pesa más que lo bueno de la misma intensidad. Una revisión encontró este patrón en ámbitos muy distintos, del día a día a las relaciones, el aprendizaje o las impresiones sobre otras personas, casi sin excepciones (Baumeister y otros, 2001).
Ejemplo: un día con diez cosas normales y un comentario desagradable se queda en la memoria como «un día horrible».
Para pillarlo: ¿qué cosas buenas o neutras pasaron hoy? ¿Les estoy dando el mismo peso? Lo cuento en por qué recuerdas más lo malo.
Heurística de disponibilidad
Calculas lo frecuente o probable que es algo por lo fácil que te viene un ejemplo a la cabeza. Tversky y Kahneman lo describieron como un atajo útil que también produce errores predecibles (Tversky y Kahneman, 1974).
Ejemplo: después de ver en las noticias un accidente de avión, coger un vuelo te parece más peligroso que la semana pasada, aunque nada haya cambiado.
Para pillarlo: ¿me parece probable porque lo es o porque lo tengo reciente? ¿Qué dicen los datos, y no los ejemplos que recuerdo?
Efecto foco (creer que todo el mundo se fija en ti)
Sobreestimas cuánto se fija la gente en tu aspecto o en lo que haces. En unos experimentos, quien llevaba una camiseta que le daba vergüenza creía que la recordaría más gente de la que de verdad la recordó (Gilovich, Medvec y Savitsky, 2000).
Ejemplo: llegas a una cena con una mancha en la manga y pasas la noche pendiente de ella. Probablemente se fijó mucha menos gente de la que crees.
Para pillarlo: ¿cuánto me fijo yo en estas cosas cuando le pasan a otra persona?
Ilusión de transparencia (creer que se te nota todo)
Crees que lo que sientes por dentro, como los nervios o la vergüenza, se ve desde fuera más de lo que se ve. En una serie de estudios, las personas sobreestimaban lo bien que los demás detectaban sus emociones o sus mentiras (Gilovich, Savitsky y Medvec, 1998).
Ejemplo: en una reunión notas que te tiembla la voz y das por hecho que todo el mundo lo ha visto. Tienes más en miedo a hablar en público.
Para pillarlo: ¿cómo lo sé? ¿Alguien me lo ha dicho, o lo deduzco de lo que siento?
Error fundamental de atribución
Cuando otra persona hace algo, lo explicas por cómo es y te olvidas de la situación en la que está. Lee Ross le puso este nombre (Ross, 1977), y Gilbert y Malone (1995) revisaron por qué se produce.
Ejemplo: alguien no te devuelve el saludo por el pasillo y piensas «qué borde», en lugar de «igual iba con prisa o no me ha visto».
Para pillarlo: si lo hubiera hecho yo, ¿qué circunstancias tendría en cuenta? ¿Podrían valer también para esta persona?
Sesgo retrospectivo («tendría que haberlo visto venir»)
Cuando ya sabes cómo acabó algo, te parece que era más previsible de lo que era. En unos experimentos, conocer el desenlace hacía que se viera más probable, y las personas apenas notaban esa influencia (Fischhoff, 1975).
Ejemplo: una relación termina y repasas los primeros meses: «estaba clarísimo, ¿cómo no lo vi?». Entonces no tenías la información que tienes ahora.
Para pillarlo: con lo que sabía en ese momento, no con lo que sé ahora, ¿qué era razonable decidir? Si te pesa, mira culpa.
Falacia del coste hundido
Sigues con algo porque ya has puesto en ello tiempo, dinero o esfuerzo, aunque seguir ya no te compense. En un estudio de campo, quienes habían pagado el abono de teatro a precio completo fueron a más funciones durante la primera mitad de la temporada que quienes lo compraron con descuento (Arkes y Blumer, 1985).
Ejemplo: llevas dos años en unos estudios que no te gustan y sigues porque «ya he invertido mucho», no porque quieras terminarlos.
Para pillarlo: si empezara hoy de cero, sin contar lo que ya he puesto, ¿elegiría esto?
Sesgo del presente (lo de ahora pesa más que lo de luego)
Lo que tienes delante pesa más que lo que vendrá, aunque lo de después te importe más. En un estudio con 200 personas que trabajaban en Ámsterdam, al elegir un tentempié para dentro de una semana se escogía más fruta; al recibirlo, muchas se cambiaron a lo menos saludable (Read y van Leeuwen, 1998).
Ejemplo: el domingo decides empezar el trabajo de fin de máster el lunes a primera hora. El lunes a las nueve, gana otro capítulo de la serie.
Para pillarlo: ¿qué elegiría si fuera para dentro de una semana? Más en dejar de procrastinar.
Falacia de la planificación
Calculas que algo te llevará menos tiempo del que te lleva, aunque ya te haya pasado. En 37 estudiantes de Psicología que preparaban su trabajo final, la previsión media fue de unos 34 días y tardaron unos 55; menos de un tercio acabó en el plazo previsto (Buehler, Griffin y Ross, 1994).
Ejemplo: «esta tarde termino la presentación». Son las once de la noche y vas por la mitad.
Para pillarlo: ¿cuánto me llevó la última vez algo parecido? En ese mismo trabajo, el sesgo desaparecía cuando se pedía a la gente que relacionara su previsión con experiencias pasadas.
Sesgo de atención a la amenaza (en la ansiedad)
Con ansiedad, la atención se va antes y más a lo que parece peligroso. Un metaanálisis de 172 estudios lo encontró en personas con ansiedad, con diagnóstico o sin él, y no en personas sin ansiedad; aparecía incluso con estímulos que no se llegaban a percibir de forma consciente (Bar-Haim y otros, 2007).
Ejemplo: hablas ante diez caras atentas y tu mirada se queda en la única que bosteza.
Para pillarlo: ¿qué más hay aquí que no sea peligroso? ¿Qué estoy dejando de ver? Tienes más en ansiedad.
Memoria congruente con el estado de ánimo
Con el ánimo bajo recuerdas con más facilidad cosas tristes, y eso lo baja más. Un metaanálisis encontró que las personas sin depresión recordaban algo más lo positivo; con depresión clínica, algo más lo negativo, y pasaba algo parecido al inducir tristeza en el laboratorio. Los efectos eran pequeños (Matt, Vázquez y Campbell, 1992).
Ejemplo: en un mal día te viene a la cabeza una lista de fracasos de hace años, y parece que tu vida entera ha sido así.
Para pillarlo: ¿estoy recordando mi vida o recordándola desde cómo me siento hoy? ¿Qué recordaría en un día bueno?
Por qué pasa y qué los mantiene
Los atajos del pensamiento existen porque ahorran esfuerzo: casi siempre aciertan lo bastante, y por eso no se notan (Tversky y Kahneman, 1974). El problema llega cuando el atajo se tuerce siempre hacia el mismo lado.
Y hacia dónde se tuerce depende de cómo estás. Con ansiedad, la atención se va a lo que parece amenaza (Bar-Haim y otros, 2007); con el ánimo bajo, la memoria tira de lo negativo (Matt, Vázquez y Campbell, 1992). Te sientes peor, y eso alimenta el sesgo.
Pulsa cada paso para ver qué pasa en él.
Por dónde se rompe: Se rompe en «salta el pensamiento» y en «actúas en consecuencia»: escribiéndolo para mirarlo con calma y, cuando se puede, comprobándolo con un experimento pequeño en vez de darlo por hecho.
Lo que más lo mantiene es lo que haces con el pensamiento. Si das la conclusión por buena y actúas en consecuencia, te quedas sin comprobarla: no preguntas, no te presentas, no vuelves. Y lo que recuerdas la próxima vez es lo que encajaba.
Cómo se trabajan en terapia
Revisar pensamientos es una parte central de la terapia cognitivo-conductual (TCC): aprender a pillar el pensamiento automático, mirar con qué datos cuenta y comprobarlo con experimentos pequeños.
La TCC tiene muchos estudios detrás. Un metaanálisis reunió 409 ensayos con 52.702 pacientes con depresión: la TCC fue más eficaz que los grupos de control, con un efecto entre moderado y grande que se mantenía a los 6-12 meses. Frente a otras psicoterapias, la diferencia fue pequeña y poco consistente (Cuijpers y otros, 2023). Ojo: estudia la TCC entera, no solo la parte de revisar pensamientos.
Las terapias contextuales, como la de aceptación y compromiso, no discuten el pensamiento: te ayudan a verlo como un pensamiento y a hacer lo que te importa con él presente. Sobre la TCC tienes su propia guía.
Qué esperar: no dejar de tener sesgos, sino reconocerlos antes y que decidan menos por ti.
Qué puedes hacer tú
La herramienta básica es el registro de pensamientos: escribir lo que pensaste para mirarlo con distancia.
- Pilla el momentoCuando notes un cambio brusco de emoción, para y pregúntate: «¿qué acaba de pasar por mi cabeza?».
- Escríbelo tal cualTres columnas: qué pasó, qué pensaste, con sus palabras exactas, y qué sentiste, del 0 al 100.
- Ponle nombreMira la lista de arriba. No hace falta acertar a la primera, y a veces hay dos o tres a la vez.
- Revísalo con preguntas¿Qué datos tengo a favor y en contra? ¿Hay otra explicación? ¿Qué es lo más probable? ¿Qué le diría a alguien que quiero si pensara esto? (hablarte como le hablarías a alguien que quieres).
- Escribe una versión más ajustadaNo más bonita: más fiel a los datos. Vuelve a puntuar la emoción, aunque solo baje un poco.
- Compruébalo si puedesSi el pensamiento hace una predicción y es seguro comprobarla, haz un experimento pequeño: pregunta, preséntate, manda el mensaje, y apunta qué pasó.
Para practicarlo con un pensamiento tuyo: Pilla el sesgo, un ejercicio que se hace en tu navegador y se descarga en PDF.
Esto no va de pensar en positivo. Cambiar «soy un desastre» por «soy genial» no te lo vas a creer, y a veces la versión ajustada sigue siendo desagradable. Lo explico en por qué pensar en positivo no me sirve.
Si un pensamiento es de hacerte daño o de no seguir, no se discute con un ejercicio: llama al 024 (gratuito, 24 horas) o, si hay peligro inmediato, al 112.
Mitos y realidades
Mito Tener sesgos cognitivos significa que algo va mal en tu cabeza.
Lo que se sabe Son atajos generales del juicio humano: económicos y normalmente eficaces, aunque llevan a errores sistemáticos y predecibles (Tversky y Kahneman, 1974).
Mito Revisar un pensamiento es obligarte a pensar en positivo.
Lo que se sabe Beck habló de ideas distorsionadas o poco realistas, no de ideas negativas (Beck, 1963). Se trata de ajustarlas a los datos, y la versión ajustada puede seguir siendo desagradable.
Mito Si lo siento con tanta fuerza, será verdad.
Lo que se sabe Tomar la emoción como prueba es justo una de las distorsiones de la lista de Burns, el razonamiento emocional (Burns).
Mito Si te fijas en todo lo peligroso es porque eres una persona exagerada.
Lo que se sabe En 172 estudios, el sesgo hacia la amenaza apareció en personas con ansiedad e incluso con estímulos que no se percibían de forma consciente: no es algo que se elija (Bar-Haim y otros, 2007).
Mito Cuando estás mal, recuerdas las cosas como son de verdad.
Lo que se sabe Con depresión, el recuerdo se inclina algo hacia lo negativo, y sin depresión, algo hacia lo positivo: ninguno de los dos es un espejo exacto (Matt, Vázquez y Campbell, 1992).
Si le pasa a alguien cercano
Alguien que quieres dice «siempre lo hago todo mal» tras un error pequeño, y te sale contestar «no digas eso». Suele servir de poco: lo oye como que no le entiendes.
- Valida antes de discutir. «Entiendo que te haya sentado fatal» no es darle la razón. Lo explico en validar no es dar la razón.
- Pregunta en vez de rebatir. «¿Qué te hace pensar eso?» o «¿ha pasado alguna vez lo contrario?» le ayuda más que una lista de argumentos.
- No le sigas la evitación, pero no le empujes. Si da por hecho que algo va a salir mal y quiere no ir, puedes ofrecerte a acompañar; la decisión es suya.
- Cuídate tú también. Escuchar lo mismo cansa, y no te toca a ti arreglarle el pensamiento.
Si alguna vez habla de hacerse daño o de no seguir, no lo discutas: pregúntale directamente cómo está y llamad al 024, que también atiende a familiares y allegados. Tienes más ideas en cómo ayudar a alguien que lo está pasando mal.
Cuándo pedir ayuda
Tener sesgos no es motivo para ir a terapia; que te hagan sufrir o decidan por ti, sí. Consulta con un profesional si:
- los mismos pensamientos sobre ti vuelven casi cada día y te dejan mal;
- dejas de hacer cosas que te importan por lo que das por hecho que va a pasar;
- lo has intentado por tu cuenta y no consigues tomar distancia;
- van con un ánimo bajo que dura, o con mucha ansiedad.
No hace falta llegar a ningún número ni tener un diagnóstico para consultarlo. Lo trabajo dentro de la terapia online para la autoestima.
Si piensas en hacerte daño, no esperes a una terapia: llama al 024 (024, gratuito, 24 horas) o, si hay peligro inmediato, al 112. Tienes más en ayuda urgente.
Preguntas frecuentes
¿Qué son los sesgos cognitivos?
Son atajos y hábitos del pensamiento que hacen que juzgues las cosas de forma desviada, siempre hacia el mismo lado. Los tiene todo el mundo: Tversky y Kahneman los describieron como atajos económicos y normalmente eficaces que también producen errores predecibles.
¿Qué diferencia hay entre sesgos cognitivos y distorsiones cognitivas?
Las distorsiones vienen de la terapia cognitiva de Aaron Beck y son formas de interpretar lo que te pasa que suelen dejarte peor de lo que justifican los hechos, como catastrofizar o leer la mente. «Sesgos cognitivos» es un término más amplio, de la psicología cognitiva y social, que incluye atajos como el sesgo de confirmación o la heurística de disponibilidad.
¿Cuáles son los tipos de sesgos cognitivos?
Hay muchas clasificaciones. En esta guía tienes 25 en dos bloques: trece distorsiones del pensamiento, como el todo o nada, la generalización excesiva o los «debería», y doce sesgos estudiados en psicología cognitiva y social, como el de confirmación, el efecto foco o la falacia del coste hundido.
¿Qué ejemplos de sesgos cognitivos hay en el día a día?
Pensar que todo el mundo se ha fijado en una mancha en tu ropa (efecto foco), seguir en algo porque ya has invertido mucho (coste hundido), calcular que algo te llevará una tarde y tardar tres (falacia de la planificación) o quedarte con la única crítica de una evaluación buena (filtro mental).
¿Qué es catastrofizar y cómo dejar de hacerlo?
Es saltar de un problema a la peor consecuencia posible y vivirla como probable. Ayuda escribir el pensamiento y preguntarte qué es lo peor, lo mejor y lo más probable, y qué podrías hacer si pasara lo peor. Si te pasa a menudo y te limita, puedes trabajarlo en terapia.
¿Los pensamientos distorsionados son un trastorno?
No. Todo el mundo los tiene. Pueden pesar más cuando hay ansiedad o ánimo bajo, pero tenerlos no es un diagnóstico. Si te están haciendo sufrir, consúltalo con un profesional, que es quien puede valorarlo.
¿Se pueden eliminar los sesgos cognitivos?
Nadie puede prometer que desaparezcan. Lo que sí se sabe es que se pueden reconocer y revisar. En un estudio sobre la falacia de la planificación, las previsiones dejaron de quedarse cortas cuando se pedía relacionarlas con experiencias pasadas; es un resultado sobre un solo sesgo, no una garantía.
¿Qué terapia trabaja las distorsiones cognitivas?
Sobre todo la terapia cognitivo-conductual, que las trabaja con registros de pensamientos y experimentos conductuales; las terapias contextuales lo enfocan tomando distancia del pensamiento. Lo hace un profesional de la psicología sanitaria (psicólogo general sanitario o especialista en psicología clínica) o un centro sanitario autorizado.
Si estás en peligro ahora mismo o piensas en hacerte daño, no esperes: llama al 024 (gratuito, 24 horas) o al 112. Más teléfonos en ayuda urgente.
Escrita por Adrián Cuñat Andrés, psicólogo colegiado nº CM03836, cursando el Máster en Psicología General Sanitaria, en prácticas supervisadas en el centro sanitario Neurococos. Quién soy · Cómo escribo las guías.
Esta guía es información general: no sustituye una evaluación ni es un diagnóstico.
Adrián Cuñat AndrésPsicólogo colegiado nº CM03836, cursando el Máster en Psicología General Sanitaria, en prácticas supervisadas en el centro sanitario Neurococos
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Fuentes de esta guía (16, todas enlazadas o citadas con autor y año)
- Beck, A. T. (1963). Thinking and depression: I. Idiosyncratic content and cognitive distortions. Archives of General Psychiatry, 9(4), 324-333. https://doi.org/10.1001/archpsyc.1963.01720160014002
- Burns, D. D. (2014). Secrets of self-esteem #2: negative vs. positive distortions [lista de distorsiones de Feeling Good, divulgación]. Feeling Good. https://feelinggood.com/2014/01/06/secrets-of-self-esteem-2-negative-and-positive-distortions/
- Tversky, A. y Kahneman, D. (1974). Judgment under uncertainty: heuristics and biases. Science, 185(4157), 1124-1131. https://doi.org/10.1126/science.185.4157.1124
- Nickerson, R. S. (1998). Confirmation bias: a ubiquitous phenomenon in many guises. Review of General Psychology, 2(2), 175-220. https://doi.org/10.1037/1089-2680.2.2.175
- Baumeister, R. F., Bratslavsky, E., Finkenauer, C. y Vohs, K. D. (2001). Bad is stronger than good. Review of General Psychology, 5(4), 323-370. https://doi.org/10.1037/1089-2680.5.4.323
- Gilovich, T., Medvec, V. H. y Savitsky, K. (2000). The spotlight effect in social judgment: an egocentric bias in estimates of the salience of one's own actions and appearance. Journal of Personality and Social Psychology, 78(2), 211-222. https://doi.org/10.1037/0022-3514.78.2.211
- Gilovich, T., Savitsky, K. y Medvec, V. H. (1998). The illusion of transparency: biased assessments of others' ability to read one's emotional states. Journal of Personality and Social Psychology, 75(2), 332-346. https://doi.org/10.1037/0022-3514.75.2.332
- Ross, L. (1977). The intuitive psychologist and his shortcomings: distortions in the attribution process. Advances in Experimental Social Psychology, 10, 173-220. https://doi.org/10.1016/S0065-2601(08)60357-3
- Gilbert, D. T. y Malone, P. S. (1995). The correspondence bias. Psychological Bulletin, 117(1), 21-38. https://doi.org/10.1037/0033-2909.117.1.21
- Fischhoff, B. (1975). Hindsight ≠ foresight: the effect of outcome knowledge on judgment under uncertainty. Journal of Experimental Psychology: Human Perception and Performance, 1(3), 288-299. https://doi.org/10.1037/0096-1523.1.3.288
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