Validar no es dar la razón
En 30 segundos
- Validar es comunicar que lo que alguien siente tiene sentido, dado lo que le está pasando.
- No es darle la razón, ni aplaudir lo que piensa hacer, ni mentir.
- Frases como «no es para tanto» buscan calmar y acaban diciendo «lo que sientes sobra».
Alguien te llama al salir del trabajo con la voz rota. Su responsable le ha corregido delante de todo el equipo y no ha sabido qué contestar.
Quieres ayudar, así que dices lo primero que se te ocurre: «Bueno, tampoco es para tanto. Seguro que mañana ni se acuerda».
Al otro lado hay un silencio corto. Luego, un «ya, bueno, da igual». Y la conversación se apaga.
No has dicho nada cruel. Has intentado quitarle hierro. Pero a esa persona le ha llegado otra cosa: que lo que siente es exagerado.
Qué es validar
Validar es decirle a alguien que lo que siente tiene sentido. Tiene sentido por lo que le ha pasado, por lo que le importa o por lo que ha vivido antes.
En el ejemplo, validar sería algo así: «Qué mal trago, que te corrijan delante de todo el mundo. Normal que estés así».
Fíjate en lo que esa frase no hace. No opina sobre si la corrección era justa ni dice qué hacer mañana.
Solo reconoce que hay una emoción y que encaja con lo ocurrido. Tampoco exige que sientas lo mismo: basta con que veas el camino que va de lo que pasó a lo que siente.
Lo que validar no es
Aquí está el malentendido que hace que tanta gente se resista a validar: parece que sea darle la razón al otro.
Validar una emoción no es estar de acuerdo con lo que la otra persona piensa, ni con lo que quiere hacer. Puedes entender que alguien tenga rabia y pensar que mandar ese mensaje a las dos de la madrugada es mala idea.
Tampoco es:
- Mentir. Si no entiendes por qué alguien se siente así, no hace falta fingirlo: puedes preguntar.
- Aplaudir. «Haces muy bien en no volver a hablarle nunca» no valida la tristeza: toma partido.
- Quedarse a vivir en la emoción. Se reconoce para que luego se pueda pasar a otra cosa.
Por qué el «no es para tanto» suele empeorarlo
Cuando alguien está mal y le dicen que no es para tanto, pasa a tener dos problemas: lo que le ha ocurrido y la sensación de que, además, está reaccionando mal.
Ese segundo problema no calma. Suele hacer que la persona se defienda, insista o se cierre. «Ya, bueno, da igual» es, muchas veces, alguien que se acaba de cerrar.
Hay un experimento sobre esto. Shenk y Fruzzetti (2011) compararon, con estudiantes universitarios en un laboratorio, respuestas validantes e invalidantes ante una tarea estresante. Quienes recibieron respuestas invalidantes mostraron, a lo largo del tiempo, más malestar, más frecuencia cardiaca y más conductancia de la piel.
Es un solo estudio de laboratorio. Pero apunta en la misma dirección que la experiencia de cualquiera: que te corrijan lo que sientes no te tranquiliza.
La idea
Validar es decir «tiene sentido que te sientas así». No es decir «tienes razón».
Frases que validan
No hay frases mágicas, y una frase validante dicha mirando el móvil deja de serlo. Pero estas suelen ir en la buena dirección:
- «Normal que estés así, con lo que ha pasado.»
- «Yo también me habría agobiado.»
- «Tiene sentido que te duela; te importaba mucho.»
- «No sé muy bien qué decirte, pero aquí estoy.»
- «¿Qué es lo que más te ha dolido?»
- «¿Quieres que pensemos qué hacer o prefieres desahogarte?»
Ninguna intenta cambiar lo que la otra persona siente. Solo lo acompañan.
La última es especialmente útil. A veces la otra persona no quiere un consejo, quiere que primero la entiendan. Preguntarlo te ahorra adivinar.
Frases que invalidan, aunque sea sin querer
Casi todas salen del deseo de que la otra persona deje de sufrir rápido. Ese deseo es bueno. El atajo, no tanto.
- «No es para tanto.» Le dice que su reacción es desproporcionada.
- «Míralo por el lado bueno.» Salta por encima de lo que siente para llegar a lo que debería sentir.
- «Hay gente que está mucho peor.» Le añade culpa por estar mal.
- «No llores.» Pide que deje de mostrar lo que siente, no que deje de sentirlo.
- «Yo en tu lugar…» Convierte su problema en tu opinión.
- «Ya te lo dije.» Cambia su dolor por tu razón.
Si se te escapa alguna, se puede rectificar en la frase siguiente: «Perdona, eso ha sonado a quitarle importancia. Cuéntame».
Validar cuando no estás de acuerdo
Es lo más difícil y lo más útil, sobre todo con la pareja o con la familia. Una discusión en la que cada cual defiende que su enfado es el razonable rara vez termina: solo se aplaza.
Lo que ayuda es separar las dos cosas en voz alta. Primero lo que entiendes, luego lo que piensas.
«Entiendo que te sentara fatal que no te avisara. Yo lo veo de otra manera, pero entiendo por qué te dolió.»
Validar primero no te obliga a ceder después. Lo que consigue es que la otra persona pueda escuchar tu parte, porque ya no está ocupada defendiendo la suya.
Y también contigo
Lo mismo pasa por dentro. Si cada vez que algo te duele te dices «no es para tanto, déjate de tonterías», ahora tienes el malestar y, encima, la bronca por tenerlo.
Validarte no es darte la razón en todo. Es poder decirte «normal que esto me haya afectado» antes de decidir qué hacer. Es el primer paso para regular las emociones, no lo contrario.
Prueba esto
La próxima vez que alguien te cuente algo que le preocupa, antes de dar ningún consejo, di lo que crees que siente y pregunta si es así: «Suena a que esto te ha dolido, ¿es así?». Solo eso. Fíjate en qué le pasa a la conversación.
Si lo que te preocupa es acompañar a alguien que lleva tiempo pasándolo mal, está la guía de cómo ayudar a alguien.