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Terapia para el estado de ánimo bajo
Llevas tres fines de semana sin ver a nadie. Dices que estás liado. Te dormiste a las dos, te levantaste a las once y estás cansado igual. Hay una soledad ahí que no sabrías a quién contársela, porque tampoco es que pase nada.
Cuando el ánimo baja se hacen menos cosas, y hacer menos cosas baja más el ánimo.
Cómo se ve por dentro
- Desgana: lo que antes te apetecía ahora te da igual.
- Cansancio que no se arregla durmiendo, y dormir mal o de más.
- Tener que empujarte para todo, incluso para lo pequeño.
- Aislarte poco a poco: cancelar, no contestar, dejar de proponer.
- Irritabilidad, o no sentir gran cosa.
- Verlo todo gris y pensar que eres una carga o que da igual lo que hagas.
Esta lista no es un diagnóstico. Solo ayuda a ponerle nombre a lo que te pasa.
Qué lo mantiene
Con el ánimo bajo, el sentido común falla: apetece parar, y parar es justo lo que lo mantiene.
Cada plan que se cae ahorra un esfuerzo que en ese momento es enorme. El precio llega después.
Un disparador
Aparece el malestar
Cancelas, te quedas, dejas de proponer
Alivio en segundos
Y por eso se repite mañana, y pasado
Mientras tanto, el coste: se cae lo único que traía cosas buenas
- No tienes ganas, así que dejas de hacer un par de cosas
- Al hacer menos, te pasan menos cosas buenas
- Con menos cosas buenas, menos ganas todavía
- Y el camino de vuelta es el mismo, al revés: hacer para tener ganas
Cómo se trabaja
Recuperar actividad por orden
Por lo pequeño y pactado, no por lo que «debería» apetecerte. Es de lo mejor establecido en el tratamiento del ánimo bajo.
El sueño y las rutinas
Devolverlos a su sitio, porque sostienen todo lo demás.
La rumiación
El repaso interminable de lo que va mal, que parece pensar y no resuelve nada.
Qué se rompió antes
A veces empieza en algo concreto, como una pérdida o un cambio, y hay que atenderlo.
Todo va dentro del mismo proceso: media hora gratis, dos o tres sesiones de evaluación, un plan y revisiones. Sesiones de 60 minutos por 30 €.
Las ganas no llegan antes de hacer las cosas. Llegan después.
Preguntas frecuentes
¿Estoy deprimido o es que soy así?
Eso es precisamente lo que no se puede responder por una web ni por un vídeo, y no te lo voy a decir en cuatro líneas. Se responde evaluando, que son dos o tres sesiones mirando desde cuándo, con qué intensidad y cuánto te está quitando.
No tengo ganas de nada, ¿cómo voy a tener ganas de ir a terapia?
No hace falta tenerlas. Es más: esperar a tener ganas es justo lo que mantiene el bache, porque las ganas vienen después de empezar a hacer, no antes. Se empieza sin ganas, a propósito y en pequeño.
¿Necesito pastillas?
Eso lo valora un médico o un psiquiatra, no yo. Lo que sí te puedo decir es que la psicoterapia funciona con y sin medicación, y que si creo que conviene que lo consultes, te lo voy a decir.
¿Y si no tengo un motivo claro para estar así?
Es lo más frecuente. Casi nunca hay un motivo único y limpio: hay un montón de pequeñas retiradas que se han ido sumando. Por eso se mira qué has dejado de hacer, no solo qué te pasó.
Si te has visto aquí, lo siguiente es contarlo en voz alta.
Cuándo esto no es lo tuyo
Si el ánimo está muy bajo desde hace mucho, has dejado de comer o de levantarte, o aparecen ideas de que la vida no merece la pena, hay que valorarlo con tu médico de familia o con psiquiatría.
A veces la medicación es parte del tratamiento, y muchas veces es lo que permite que la terapia haga su trabajo.
Si estás en peligro ahora mismo o piensas en hacerte daño, no esperes a una cita: llama al 024, que atiende la conducta suicida las 24 horas, o al 112.
Dos huecos a la semana para primeras consultas, y el calendario te ofrece el siguiente que quede libre. No hay lista de espera.
Si te has reconocido
Me lo cuentas y sales sabiendo qué haría yo con ello. Si no es lo mío, te oriento a dónde ir.
Treinta minutos, gratis y sin compromiso. No hace falta tarjeta.
Si prefieres empezar por tu cuenta, el mapa son seis preguntas y diez minutos.