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Terapia para la autoestima y la inseguridad
Has vuelto a decir que sí, a un favor que no te tocaba. Lo cuentas en casa, tu pareja te dice «otra vez» y acabáis discutiendo con un enfado que no era por eso. Piensas que la culpa es tuya. Y mañana vuelves a decir que sí.
La autoestima se mueve cuando cambia lo que haces, y cuánto de tu día se va en no quedar mal.
Cómo se ve por dentro
- Hablarte como no le hablarías a nadie.
- Repasar por la noche lo que dijiste y qué habrán pensado.
- Decir que sí a cosas que no quieres y notar rencor después.
- No pedir lo que necesitas por no molestar.
- Sentir que lo que consigues es suerte, y que un día se notará.
- Renunciar a algo antes de intentarlo, para no confirmar nada.
Esta lista no es un diagnóstico. Solo ayuda a ponerle nombre a lo que te pasa.
Qué lo mantiene
Aquí el mecanismo también es de alivio. Si no pides, no dices que no o no mandas el trabajo, nadie puede rechazarte.
Pero tampoco aparece ninguna prueba de que podías hacerlo bien, y la idea que tienes de ti se queda sin nada que la contradiga.
Un disparador
Aparece el malestar
No pides, no dices que no, no te expones
Alivio en segundos
Y por eso se repite mañana, y pasado
Mientras tanto, el coste: nunca aparece una prueba de que podías
- Lo que sigues haciendo
- Lo que has dejado de hacer
Cómo se trabaja
De la idea a la conducta
Menos «qué pienso de mí» y más qué haces, qué dejas de hacer y a costa de qué.
Exponerte en pequeño
Pedir, decir que no, mandar el trabajo sin revisarlo doce veces. Es incómodo, y es el centro del trabajo.
Mirar de frente la voz crítica
Sin discutir con ella ni repetirte frases bonitas que no te crees.
Ordenar la vida por lo que te importa
Y no por lo que evita el juicio ajeno. Es la parte larga.
Todo va dentro del mismo proceso: media hora gratis, dos o tres sesiones de evaluación, un plan y revisiones. Sesiones de 60 minutos por 30 €.
Lo que haces para no quedar mal es lo que te impide comprobar que no pasaba nada.
Preguntas frecuentes
¿Esto se arregla repitiéndome que valgo?
No, y probablemente ya lo has comprobado. Discutir con un pensamiento suele darle más presencia, no menos. Lo que se trabaja es otra cosa: qué dejas de hacer para no quedar mal, y qué te está costando eso.
Me da vergüenza contar ciertas cosas. ¿Tengo que contarlo todo?
No. Cuentas lo que quieras y cuando quieras. Nada de lo que digas sale de la sesión —secreto profesional, también para el profesional que supervisa—, y no hay ninguna pregunta obligatoria.
¿Y si resulta que el problema es la gente de alrededor y no yo?
A veces lo es, y entonces el trabajo va por ahí: poner límites, decidir qué relaciones sostienes y cuáles no. No todo lo que duele es un problema tuyo que arreglar. Distinguirlo es parte de la evaluación.
¿Se nota desde fuera que estoy yendo a terapia?
Lo que se nota, si el trabajo avanza, es que dices que no más veces y te disculpas menos. No hay que contárselo a nadie: es tuyo y decides tú.
Si te has visto aquí, lo siguiente es contarlo en voz alta.
Cuándo esto no es lo tuyo
Si detrás hay maltrato o violencia, presente o pasada, o una relación en la que hoy no estás a salvo, eso va primero: el 016 atiende las 24 horas, es gratuito y no deja rastro en la factura.
Dímelo en la media hora y te oriento.
Si estás en peligro ahora mismo o piensas en hacerte daño, no esperes a una cita: llama al 024, que atiende la conducta suicida las 24 horas, o al 112.
Dos huecos a la semana para primeras consultas, y el calendario te ofrece el siguiente que quede libre. No hay lista de espera.
Si te has reconocido
Me lo cuentas y sales sabiendo qué haría yo con ello. Si no es lo mío, te oriento a dónde ir.
Treinta minutos, gratis y sin compromiso. No hace falta tarjeta.
Si prefieres empezar por tu cuenta, el mapa son seis preguntas y diez minutos.