Empiezo cosas y no las acabo
En 30 segundos
- Empezar da recompensa casi gratis: novedad y la imagen de lo que vas a conseguir.
- En el medio cada avance parece pequeño, porque ya no está el principio y todavía no se ve el final.
- Dejar algo a medias trae alivio rápido, y empezar otra cosa trae la novedad de vuelta.
Comprar el cuaderno. Descargar la aplicación de idiomas. Abrir una carpeta nueva con un nombre bonito.
Ese primer día todo encaja y te ves, por un momento, como la persona que termina lo que empieza.
Tres semanas después, el cuaderno tiene ocho páginas escritas. Y no es falta de constancia ni de carácter: hay un mecanismo detrás bastante predecible.
Lo que te da el principio
Al principio, además, nadie te evalúa: todavía no hay errores, ni comparaciones, ni pruebas de que se te da regular.
El primer día no has hecho casi nada y ya notas avance. Has elegido, has comprado, has organizado. Todo es nuevo.
Además, empezar trae una imagen: tú hablando el idioma, tú con el proyecto terminado. Esa imagen da una satisfacción real, aunque todavía no haya pasado nada.
Pasa con casi todo: el gimnasio en enero, la libreta de recetas, la novela que ibas a escribir. El primer día cualquier cosa parece posible, porque todavía no se ha puesto a prueba.
Empezar da recompensa casi gratis; seguir, no. El inicio paga por adelantado lo que el resto del camino cobra a plazos.
El medio: donde nada se nota
Lección 34 de 90. Ya no es nuevo, ya no te acuerdas de por qué empezaste y el final todavía está lejísimos.
La aplicación te recuerda que llevas tres días sin practicar. Abres, haces un ejercicio a desgana, cierras. Al día siguiente ya no abres.
Un estudio publicado en 2011 en Psychological Science lo describió con un nombre muy gráfico: atascados en el medio. La motivación por seguir puede ser más alta cerca del principio y cerca del final, y más baja hacia la mitad.
Su explicación es que cada paso parece valer menos cuando ya queda lejos el punto de partida y todavía no se ve el de llegada. Y añaden algo útil: cómo mides tu avance cambia cuánto te mueve a seguir.
Es un estudio sobre la motivación en general, no sobre ti ni sobre procrastinar. Pero describe bastante bien la tarde de la lección 34.
La parte aburrida que nadie enseña
De cualquier proyecto se enseña el principio y el final. Nadie enseña la tarde número veinte, repitiendo lo mismo con la sensación de no mejorar.
El medio es repetición, errores y mesetas. También es donde aparece lo que el entusiasmo tapaba: lo que de verdad cuesta y lo lejos que está tu resultado del que imaginabas.
Escribes una página y la comparas con el libro que te inspiró. Haces un dibujo y lo comparas con la cuenta que sigues. El medio es donde esa comparación se vuelve diaria.
En el medio aparece la distancia entre lo que imaginabas y lo que hay. Para quien se exige mucho, esa distancia duele más que el aburrimiento.
Por qué dejarlo alivia
El día que decides no abrir la aplicación notas algo parecido al alivio. Ya no tienes que enfrentarte a hacerlo mal ni a aburrirte.
Desde fuera parece inconstancia. Desde dentro, cada abandono se vive como un descanso merecido, hasta que se juntan unos cuantos y empiezan a parecer una forma de ser.
Ese alivio llega en segundos, y lo que quita malestar tiende a repetirse. Es el mismo mecanismo que se explica en por qué lo repites aunque sepas que te perjudica.
Y luego llega lo siguiente: un curso nuevo, una idea nueva, otra carpeta. La novedad vuelve, y con ella las ganas. Empezar otra cosa puede ser una forma de dejar la anterior sin tener que decidirlo.
La idea
Lo que se apaga no eres tú. Es la novedad. Y la novedad nunca dura hasta el final de nada.
Qué ayuda a cruzar el medio
No hay una fórmula, pero sí algunas cosas que hacen el medio menos largo:
- Partir el medio en trozos que tengan su propio final. No «terminar el curso», sino «llegar a la lección 40». Cada trozo tiene su principio y su cierre.
- Mirar el avance desde donde más se nota. En la primera mitad, lo que ya llevas hecho; en la segunda, lo poco que falta.
- Bajar el listón del día, no el del proyecto. Diez minutos que se hacen valen más que una hora que no llega.
- Contarle a alguien en qué tramo estás. No para que te vigile, sino para que el medio no pase en silencio.
- Elegir qué dejar a propósito. No todo lo que empiezas merece acabarse; lo que cambia las cosas es dejarlo por decisión y no por huida.
Prueba esto
Elige una sola cosa que tengas a medias. No la retomes entera: decide el siguiente trozo de quince minutos y ponlo en el calendario con día y hora. Si cuando llegue decides dejarla, que sea una decisión que tomas, no algo que simplemente deja de pasar.
Cuando es un patrón
La estantería con tres cursos a medias. El móvil con cinco aplicaciones que ya no abres. La carpeta con un nombre bonito y dos archivos dentro.
Si te pasa con casi todo, y cada cosa a medias suma una voz que te dice «ya lo sabía», el problema deja de ser el curso. Es la forma de relacionarte con el esfuerzo y con tus errores.
La guía para dejar de procrastinar explica qué se hace con eso paso a paso. Y en procrastinación y bloqueo está cómo se trabaja en terapia, que no va de organizarse mejor.
Si además te pasa desde siempre y en casi todos los ámbitos, puede merecer la pena valorarlo con un profesional de la psicología sanitaria (psicólogo general sanitario o especialista en psicología clínica) o un centro sanitario autorizado.