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Por qué no hacer nada también cansa

Por , psicólogo colegiado nº CM03836. , 5 minutos de lectura.

Picos de alivio que suben y bajan y una línea de coste que no deja de subir

En 30 segundos

  • Poca actividad trae menos energía, y menos energía trae menos actividad: es un círculo.
  • Evitar también gasta: lo que no haces se queda encendido de fondo todo el día.
  • Si el cansancio es nuevo o lo notas en el cuerpo, lo primero es que lo vean en tu centro de salud.

Sábado. El plan era poner una lavadora, llamar a tu hermana y salir a andar un rato.

A las siete de la tarde no has hecho nada de eso. Has pasado el día entre la cama, el sofá y el móvil. Y te notas sin fuerzas para nada.

Es raro, porque no has gastado nada. Y sin embargo no hacer nada también cansa.

Primero, lo físico

Antes de hablar de mecanismos psicológicos, una cosa: el cansancio también puede tener causas médicas, y esas no se descubren leyendo un blog.

Si el cansancio es nuevo, ha llegado de repente o lo notas en el cuerpo, lo primero es tu centro de salud. Sobre todo si viene con otras cosas, como fiebre o pérdida de peso sin buscarla. Si te falta el aire o notas dolor en el pecho, llama al 112.

Tampoco hace falta elegir entre lo físico y lo psicológico. A veces hay algo de las dos cosas, y que te revisen en el centro de salud no quita mirar también cómo están siendo tus días.

Lo que sigue es para el otro cansancio: el que aparece en los días en que no pasa nada.

El círculo: menos actividad, menos energía

Un día sin hacer casi nada parece descanso. Pero no trae lo que traen otros días: algo terminado, una conversación, un rato al aire libre, algo que te guste.

El lunes cancelas un plan porque no te ves con fuerzas; el martes no pasa nada en todo el día; el miércoles ya ni lo propones. Cada decisión, por separado, parece razonable.

Desde fuera, alguien podría llamarlo vagancia. Desde dentro se parece más a intentar arrancar un coche con la batería baja: no prende, y cada intento deja menos ganas del siguiente.

Sin esas pequeñas recompensas, el ánimo baja un poco. Con el ánimo bajo, todo cuesta más. Y como todo cuesta más, al día siguiente haces todavía menos.

Menos actividad trae menos energía, y menos energía trae menos actividad. Es un círculo que se alimenta solo, y desde dentro se vive como «no puedo».

Este círculo es el punto de partida de la activación conductual, una forma de terapia que, en vez de esperar a tener ganas para moverse, trabaja con lo que haces para ver qué pasa con el ánimo.

Evitar también gasta

Piensa en el correo que llevas una semana sin contestar. No lo has abierto hoy. Pero ha estado ahí todo el día, en un rincón de la cabeza, cada vez que cogías el móvil.

Lo que evitas no desaparece. Se queda pendiente, y lo pendiente pesa aunque no lo mires.

No es pereza ni falta de voluntad: es la tensión de esquivar algo durante horas. Esa vigilancia de fondo gasta, aunque desde fuera parezca que estás descansando.

Y al final del día llega la cuenta: no has hecho lo que querías, tampoco has descansado, y encima te culpas por las dos cosas. La culpa también gasta.

Es como una pestaña abierta en el ordenador que no miras en todo el día, pero que sigue gastando batería.

Descansar y apagarse no son lo mismo

¿Cuántas veces has salido de dos horas de móvil con más energía que antes? Probablemente pocas.

Una siesta de veinte minutos y tres horas saltando de vídeo en vídeo parecen lo mismo: estar en el sofá. Lo que dejan después suele ser muy distinto.

Descansar recarga. Apagarse solo pasa el tiempo. Desde el sofá cuesta distinguirlos, porque los dos se hacen sin moverse.

Sobre el movimiento hay algo medido. Una síntesis de ensayos controlados publicada en 2006 encontró que el ejercicio regular se asociaba con más sensación de energía y menos fatiga que no hacerlo. No dice que moverse lo arregle todo, pero sí que la energía no se comporta solo como un depósito que se vacía.

La idea

A veces la energía no se gasta al empezar algo. A veces llega después de empezar.

Qué propone la activación conductual

La idea central es sencilla y un poco contraintuitiva: no esperar a tener ganas para hacer, sino hacer algo pequeño y fijarse en qué pasa después.

  • Se eligen actividades pequeñas, concretas y con hora, no propósitos como «moverme más».
  • Se mezclan dos tipos: las que te gustan o te gustaban, y las que te dejan algo hecho.
  • Se registra el ánimo antes y después, para comprobarlo en vez de suponerlo.
  • Se mira qué evitas y qué te cuesta esa evitación.

Tampoco es obligarte a todo ni llenar la agenda. Se empieza por lo más pequeño que sea posible hacer hoy, aunque parezca ridículo, y se sube poco a poco.

No garantiza que te vayas a sentir mejor la primera vez. Lo que hace es cambiar la pregunta: de «¿tengo ganas?» a «¿qué pasa si lo hago un poco?».

Prueba esto

Elige hoy una sola cosa de diez minutos que antes te gustara o que te deje algo hecho: bajar a por pan andando, regar las plantas, contestar un mensaje. Antes y después, puntúa tu energía del 0 al 10. No hace falta que suba: se trata de mirar qué pasa.

Cuando es algo más que un sábado

Si los días así se han vuelto la norma, si nada te apetece aunque lo hagas o si te cuesta hasta lo básico, merece la pena mirarlo con calma. No hace falta llegar a ningún número de semanas para consultarlo.

La guía «no tengo ganas de nada» explica qué hay detrás de esa falta de ganas y qué se hace con ella. Y en estado de ánimo bajo está cómo se trabaja en terapia.

Y si en el centro de salud no han encontrado nada físico, eso no significa que te lo estés inventando: significa que toca mirar por otro lado.

Si en algún momento aparecen ideas de no querer seguir, el 024 atiende la conducta suicida, también a familiares. Si hay peligro inmediato, el 112. En ayuda urgente están todos los teléfonos.

Preguntas frecuentes

¿Por qué estoy sin energía si no he hecho nada?

Porque la inactividad no recarga como el descanso: quita pequeñas recompensas, baja el ánimo y deja lo pendiente encendido de fondo. Si el cansancio es nuevo o físico, primero tu centro de salud.

¿Qué es la activación conductual?

Una forma de terapia que trabaja con lo que haces en vez de esperar a tener ganas: actividades pequeñas, planificadas y registradas para ver qué pasa con el ánimo.

Adrián Cuñat Andrés

Escrito por Adrián Cuñat Andrés, psicólogo colegiado nº CM03836, cursando el Máster en Psicología General Sanitaria, en prácticas supervisadas en el centro sanitario Neurococos. Quién soy · Cómo escribo lo que publico.

Este artículo es información general: no sustituye una evaluación ni es un diagnóstico.

Si estás en peligro o piensas en hacerte daño, llama al 024 (gratuito, 24 horas) o al 112. Más teléfonos en ayuda urgente.

Fuentes

  1. Puetz, T. W., O'Connor, P. J. y Dishman, R. K. (2006). Effects of chronic exercise on feelings of energy and fatigue: a quantitative synthesis. Psychological Bulletin, 132(6), 866-876. https://doi.org/10.1037/0033-2909.132.6.866

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