No hace falta tocar fondo para pedir ayuda
En 30 segundos
- No hay un nivel mínimo de malestar para tener derecho a consultar.
- En encuestas de la OMS en 24 países, entre quienes tenían un trastorno y sentían necesitar ayuda, la barrera más citada fue querer arreglarlo por su cuenta.
- Consultar no te compromete a empezar terapia: sirve para saber si tiene sentido.
«Hay gente mucho peor que yo». «Todavía voy a trabajar».
«No es para tanto, solo duermo mal y estoy de mal humor». «Cuando esté peor, ya iré».
Si alguna de esas frases te suena, no eres la excepción. Esperar a tocar fondo, como si hubiera que ganarse el derecho a consultar, es una de las formas más comunes de no pedir ayuda.
La regla que nadie ha escrito
No hay ningún sitio donde ponga que para ir al psicólogo hay que estar fatal. Nadie te va a pedir que demuestres que sufres lo bastante.
No hace falta llegar a ningún número, ni a ningún diagnóstico, para consultarlo. Se puede pedir ayuda por algo que lleva tiempo molestando, por una decisión que no sabes tomar o por algo de ti que te gustaría entender.
Con el cuerpo no lo harías así. No esperarías a que se te cayera una muela para ir al dentista, ni a no poder andar para que te miren una rodilla que lleva meses doliendo.
Con lo que pasa por dentro, en cambio, esa regla invisible pesa como si fuera ley.
Por qué esperamos
Te comparas con lo peor que conoces: la compañera que tuvo que pedir la baja, el amigo que no se levantaba de la cama. Al lado de eso, lo tuyo parece poca cosa.
Si la vara de medir es el peor caso que conoces, casi nunca vas a estar lo bastante mal.
Y hay algo más: lo que dura se normaliza. Lo que hace un año te habría parecido una alarma —dormir cinco horas, pasar un mes sin quedar con nadie, llorar en el coche antes de entrar a trabajar— hoy es un martes cualquiera.
Y mientras sigues cumpliendo por fuera —vas a trabajar, contestas mensajes, llegas a todo—, parece que no tienes derecho a quejarte. Pero cumplir por fuera no dice cómo estás por dentro.
El listón se mueve contigo. Por eso el fondo no llega nunca: siempre parece estar un poco más abajo.
La idea
El fondo no es un sitio fijo. Cuanto más tiempo pasas cerca, más abajo parece que está.
Lo que dicen las encuestas
Algo parecido aparece en los datos. Las encuestas de salud mental de la Organización Mundial de la Salud entrevistaron cara a cara a muestras representativas de hogares de 24 países, y una parte del análisis preguntó por qué no se busca ayuda (Andrade y cols., 2014).
Entre las personas con un trastorno mental en los doce meses anteriores, el motivo más frecuente para no empezar un tratamiento fue no sentir que hiciera falta. Y pesaba más en los casos leves y moderados que en los graves.
Entre esas mismas personas con un trastorno en los doce meses anteriores, las que sí sentían que lo necesitaban citaron sobre todo una barrera: querer arreglarlo por su cuenta, el 63,8 %. En conjunto, las barreras de actitud pesaron mucho más que las prácticas.
Dicho de otra forma: lo que separa a mucha gente de la ayuda no es no poder ir. Es pensar que todavía no toca.
Lo que pasa mientras esperas
Mientras esperas a estar peor, la vida se va reorganizando alrededor de lo que te pasa.
Dejas de ir a la cena de los viernes. Aplazas la conversación con tu pareja. El domingo por la tarde ya sabes que va a ser malo.
Esperar no es quedarse quieto: mientras tanto, lo que te pasa sigue ocupando sitio. Lo que lleva menos tiempo instalado suele tener menos cosas enredadas alrededor: menos rutinas, menos explicaciones, menos gente que ya cuenta contigo así.
No es una promesa de que antes sea más fácil. Es que suele haber menos terreno que recuperar.
Y hay un coste más callado: el tiempo que pasas convenciéndote de que no es para tanto también es tiempo que se va. Lo cuento con más calma en cuándo deja de tener sentido hacerlo por tu cuenta.
Tampoco todo malestar necesita terapia
Para ser justos: no todo lo que molesta necesita un psicólogo. Hay épocas malas que se atraviesan con tiempo, con tu gente y con algún cambio por tu cuenta.
La pregunta útil no es «¿estoy lo bastante mal?», sino otras más concretas: ¿lleva tiempo?, ¿te está quitando cosas que te importan?, ¿has probado por tu cuenta y vuelve al mismo sitio? No hace falta que se cumplan todas, ni llegar a ningún número, para consultarlo.
Si quieres ordenarlo, en ¿necesito ir al psicólogo? hay cuatro preguntas que no puntúan ni diagnostican: solo ayudan a ver por dónde empezar.
Prueba esto
Escribe en una nota la frase con la que te convences de que todavía no hace falta: «no es para tanto», «hay gente peor», la que sea la tuya. Al lado, apunta desde cuándo te la dices. Solo eso.
Preguntar no te compromete a nada
Consultar no es empezar una terapia: es preguntar si tiene sentido. Puedes salir de una primera conversación sabiendo que lo tuyo no necesita terapia, o que necesita otra cosa. Tampoco hace falta llegar sabiendo qué te pasa: está explicado en no hace falta saber qué te pasa para ir al psicólogo.
Si buscas a alguien, que sea un profesional de la psicología sanitaria (psicólogo general sanitario o especialista en psicología clínica) o un centro sanitario autorizado. Tu médico de familia también es una buena puerta de entrada, y puede derivarte a salud mental por la sanidad pública.
Y si lo que te ronda es hacerte daño, no esperes a nada: el 024 atiende la conducta suicida, también a familiares, gratis y 24 horas. Si hay peligro, el 112.