Por qué buscar síntomas en Google calma un rato y luego angustia más
En 30 segundos
- Buscar síntomas en internet calma un rato porque reduce la incertidumbre, y ese alivio hace que vuelvas a buscar.
- Cada respuesta abre otra duda, y en la ansiedad por la salud la búsqueda tiende a volverse repetida y angustiada.
- Si el síntoma es nuevo, fuerte o raro, o notas el pecho o te falta el aire, primero médico o 112, no el buscador.
Son las dos menos cuarto. Llevas un rato notando un pinchazo debajo de las costillas y has escrito «dolor costado izquierdo» en el buscador.
El primer resultado habla de gases. Respiras.
El tercero menciona el páncreas. Ya no respiras igual.
Cuarenta minutos después tienes once pestañas abiertas y estás leyendo un foro de 2014.
Primero, lo importante
Si el síntoma es nuevo, fuerte o raro, la primera vez se va al médico, no al buscador. Si es en el pecho, te falta el aire o te asusta de verdad, llama al 112.
Este artículo va de otra cosa: de lo que pasa cuando ya te han mirado, o cuando el síntoma es de los de siempre, y aun así la búsqueda no se detiene.
Por qué la primera búsqueda alivia
No saber qué te pasa es muy incómodo. El cuerpo manda una señal y la cabeza necesita ponerle nombre.
Buscar promete exactamente eso: una explicación. Y a veces la primera que aparece es tranquilizadora.
Además, buscar es hacer algo. Mientras lees, sientes que te estás ocupando del problema, y eso también calma.
Lo que alivia no es saber más. Es, por un momento, no tener que convivir con la duda.
El alivio de esa primera respuesta es lo que te hace volver a buscar. Lo que quita malestar en el momento tiende a repetirse, aunque a la larga lo aumente.
Por qué la quinta ya no
Internet no te dice qué es probable en tu caso. Te dice todo lo que podría ser, con la misma letra y el mismo tamaño para un catarro que para algo grave.
Y entre diez explicaciones, una mente asustada no se queda con la más frecuente: se queda con la peor. Es el mismo motivo por el que lo malo pesa más que lo bueno.
Entras buscando «dolor de cabeza» y sales leyendo sobre tumores. Nadie te ha dicho que tengas nada. Pero ya no te lo puedes quitar de encima.
Así que cada búsqueda que pretendía cerrar una duda abre dos nuevas. Lees sobre un síntoma que no tenías y, de repente, te parece notarlo.
La idea
Internet te dice qué podría ser. Tu miedo pregunta si hay certeza total, y eso no lo trae ninguna página.
Tiene nombre: cibercondría
Se llama cibercondría a buscar información de salud en internet de forma repetida y angustiada, hasta que la búsqueda aumenta el miedo en lugar de reducirlo.
Una revisión con metaanálisis reunió 20 estudios y 7.373 participantes (McMullan y otros, 2019). Buscar información de salud en internet tenía una relación moderada con la ansiedad por la salud (r = 0,34).
La cibercondría, en cambio, tenía una relación fuerte con ella (r = 0,62). Informarse no es el problema; la búsqueda que no puede parar sí se asocia con más ansiedad.
Lo que no se sabe con esos datos es qué va primero. Es una relación, no la prueba de que buscar cause la ansiedad.
Y buscar un síntoma alguna vez es de lo más corriente. No dice nada de ti.
Lo mismo que pedir que te tranquilicen
Buscar en internet tiene parientes cercanos. Preguntarle a tu pareja por tercera vez si te ve buena cara.
Tocarte cada mañana el bulto que ya te ha mirado tu médico, para ver si ha cambiado. Pedir otra analítica, aunque la anterior saliera bien.
Y la tranquilidad que da otra persona caduca rápido. Tu pareja te dice que te ve bien y, a las dos horas, necesitas que te lo diga otra vez, con más convicción.
En 1986, Paul Salkovskis y Hilary Warwick propusieron, a partir de dos casos estudiados con detalle, que buscar que te tranquilicen y comprobar el cuerpo no es una forma inocente de afrontar el miedo a enfermar. Según su modelo, es parte de lo que lo mantiene.
La lógica es la de cualquier evitación: cada tranquilidad alivia un rato y te ahorra quedarte con la duda. Sin quedarte nunca con la duda, no llegas a ver que puedes sostenerla.
Qué se puede mirar distinto
No se trata de prohibirte el buscador ni de no ir nunca al médico. Se trata de distinguir la búsqueda que informa de la búsqueda que calma.
La que informa es mirar si el medicamento que ya te han recetado se toma con el estómago vacío. La que calma es volver a leer, por cuarta vez esta semana, la misma página sobre el lunar que ya te han revisado.
La primera termina cuando tienes un dato útil. La segunda no termina nunca, porque lo que busca no es un dato: es la certeza de que no te pasa nada.
Prueba esto
La próxima vez que vayas a buscar un síntoma, apunta antes cuánto te inquieta, del 0 al 10. Apúntalo otra vez al terminar y, de nuevo, una hora después. No tienes que dejar de buscar: solo mirar qué hace la búsqueda contigo.
Si te has reconocido
No hace falta llegar a ningún número para consultarlo. Si las búsquedas te quitan horas de sueño o te tienen en vilo, merece la pena hablarlo.
Lo que se trabaja en terapia no es convencerte de que estás bien, sino aprender a convivir con la duda sin que sea ella la que decida.
Y si ya te está viendo tu médico, puedes contarle también cuánto buscas. Es información útil, no algo de lo que avergonzarse.
En la guía sobre ansiedad por la salud tienes cómo se trabaja, y en la de síntomas físicos de la ansiedad, por qué el cuerpo puede doler sin que haya una enfermedad detrás.