«Cuando esté listo» no llega nunca
Hay una idea muy extendida y bastante falsa: que primero viene la motivación y después la acción. Que un día te levantas con ganas, y ese es el día en que empiezas.
La motivación llega después de empezar
El orden real es casi siempre el contrario: la motivación es en gran medida un producto de haber empezado, no un requisito para empezar. Aparece a los diez minutos, no a los diez días de esperarla.
Cada día de espera también se aprende
Esto encaja con lo del artículo anterior. Si evitar algo quita malestar, cada día que no empiezas refuerza un poquito más el no empezar. Y te alejas un poco más.
Aquí está la trampa fina: si esperas a tener ganas, estás esperando a que falle el mecanismo. Y el mecanismo no falla.
Esperar a estar listo parece prudencia
Por eso es tan difícil de detectar. Suena responsable. Suena a que estás preparando el terreno.
Casi nunca lo es. Normalmente es evitación con buena presentación.
Prepararse tiene un final
La forma de distinguirlas es sencilla y bastante honesta: prepararse tiene fecha de fin. Si lo que haces no la tiene, estás retrasando.
Y cuando cuesta arrancar cualquier cosa, no solo esa, suele estar pasando otra cosa: es lo que se mira en la terapia para el ánimo bajo.