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La cuenta que no haces

Dos preguntas y una multiplicación. Pone delante un número que nadie calcula, porque llega en trozos demasiado pequeños.

Haz la cuenta

Lo que sea: el plan que cancelas, la llamada que no haces, la conversación que aplazas, la tarea que empieza mañana.

4 veces

A ojo. Desde que recuerdas que esto es un problema y no una temporada.

3 años

624

Seiscientas veinticuatro veces que el alivio llegó en segundos y funcionó. Y seiscientos veinticuatro escalones de la otra curva, que no baja.

Tu cuenta, dibujada Dos líneas sobre el mismo eje de tiempo. La de arriba da un pico cada vez que evitas algo y vuelve enseguida a cero: es el alivio. La de abajo sube un escalón en cada una de esas veces y nunca baja: es el coste.
  • Lo que notas: el alivio
  • Lo que se acumula: el coste
Cada pico es una vez. El dibujo enseña las primeras, no las seiscientas: no cabrían, y ese es justo el problema.

Esto no mide nada de ti

Es una multiplicación con los números que has puesto tú. No es un test, ni un diagnóstico, ni una escala validada, y no sirve para saber si te pasa algo. Sirve para ver de golpe una suma que normalmente llega en trozos de dos minutos.

El alivio llega en segundos. El coste llega en meses.

Por qué la cuenta no se hace sola

Porque el alivio y el coste no llegan a la vez. El alivio se nota. El coste llega como una vida un poco más pequeña, y eso no se nota: se descubre.

El aprendizaje solo mira el minuto siguiente

No compara las dos cosas. No puede. Solo registra lo que pasó justo después, y lo que pasó fue que el malestar bajó.

Por eso no hace falta ser poco disciplinado para que esto se sostenga años: basta con un sistema nervioso normal.

Si ahora mismo lo estás pasando muy mal, la cuenta no es el sitio. Llama al 024 —atención a la conducta suicida, gratuito, 24 horas, todos los días— o al 112. Si prefieres escribir, el 024 también atiende por chat desde su web.

Si el número te ha parecido alto, eso no se arregla sabiéndolo. Se arregla cambiando lo que haces cuando aparece.

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O empieza por el mapa de lo que evitas

Qué hacer con el número

  1. No lo uses para machacarte No es una factura que hayas dejado de pagar por vago. Es un mecanismo que funciona igual en todo el mundo y hace exactamente lo que tiene que hacer.
  2. Fíjate en cuál es la conducta Casi siempre son dos o tres situaciones, no veinte. Si quieres verlo bien, la hoja de registro son siete días apuntando lo mismo.
  3. Y mira qué pasaría si una de esas veces no No las seiscientas. Una. Ahí es donde empieza a moverse esto, y es lo que se trabaja en sesión.

Lo que se suele preguntar

¿Esto me dice si tengo ansiedad?

No, y no puede. No mide nada: multiplica dos números que has escrito tú. Si quieres saber qué te pasa, eso se responde evaluando, que son dos o tres sesiones mirando desde cuándo, con qué intensidad y cuánto te está quitando.

¿Y si el número me sale enorme?

Le sale enorme a casi todo el mundo, porque las cifras pequeñas multiplicadas por años dan cifras grandes. No dice nada de lo grave que sea lo tuyo: dice cuánto tiempo lleva funcionando el mecanismo.

¿Se guarda lo que pongo?

No sale de tu navegador. No se envía nada, no hay formulario, no hay correo y no queda registro: la cuenta se hace en tu propio móvil u ordenador.

¿De dónde sale esto?

Del refuerzo negativo, que es de los mecanismos de aprendizaje mejor estudiados que hay. Lo explico entero en por qué lo repites aunque sepas que te perjudica.

Dos huecos a la semana para primeras consultas, y el calendario te ofrece el siguiente que quede libre. No hay lista de espera.

Si quieres que lo miremos

Treinta minutos, gratis, sobre eso concreto que evitas: qué lo dispara, qué te alivia y por dónde se empieza a bajar el número.

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Treinta minutos, gratis y sin compromiso. No hace falta tarjeta.

Antes puedes ver qué pasa exactamente en esos treinta minutos.